La empresa no es un ente aislado y, por tanto, se relaciona con el resto de agentes económicos: las familias prestan su trabajo a las empresas a cambio de una retribución y, además, son los clientes que pagan un precio por los productos o servicios de las empresas; al igual que el Estado o las Administraciones públicas, que en muchos casos también son clientes de las empresas y, en otros, funcionan como reguladores, controlando y supervisando las actividades de las empresas y de las familias, recaudando impuestos y otorgando ayudas, subvenciones…
Esta forma de obtener ingresos por parte del Estado existe desde las antiguas civilizaciones de Grecia y Roma, que subvencionaban las guerras con aranceles. No fue hasta 1845 cuando España unificó su sistema tributario y se eliminaron diferentes tributos, como los diezmos, para fomentar el desarrollo social y el crecimiento.
El 1 de enero de 1992 se crea la Agencia Tributaria como una organización dependiente del actual Ministerio de Hacienda. Sus funciones principales son facilitar el pago por parte de los ciudadanos de los diferentes tipos de tributos, así como luchar contra el fraude. Se ponen a disposición de los ciudadanos programas especiales para facilitar el cálculo de impuestos como fue el caso del Programa PADRE y otros simuladores para la confección de la declaración de la renta.
El dinero que se recauda se divide entre la Administración central y las comunidades autónomas para poder pagar servicios públicos esenciales como la salud, la educación, infraestructuras, la seguridad y otros más, sin estos recursos sería muy difícil mantener estos servicios. También se utilizan para invertir en proyectos de desarrollo que generan empleo y mejoran la calidad de vida.
Los impuestos ayudan a regular la economía proporcionando estabilidad económica. En momentos de crisis, el gobierno puede aumentar el gasto público para estimular la economía, y esto se financia a través de los impuestos.
El sistema tributario español está basado en cinco principios:
• Equidad: Todos los españoles somos iguales a la hora de pagar tributos.
• Justicia: A la hora de determinar el importe de los tributos se tendrá en cuenta la capacidad económica de los ciudadanos.
• Progresividad: El importe de los impuestos será progresivo según la renta de los individuos, cuanta más capacidad económica tenga una persona más tributos pagará. Ayuda a reducir las desigualdades económicas. Se buscan subsidios y ayudas para las personas más vulnerables.
• No confiscatoriedad: Los tributos no podrán superar a la renta o patrimonios gravados.
• Legalidad: El Estado es el único con potestad originaria para establecer tributos mediante leyes, según el artículo 133 de la Constitución española.
Pagar impuestos es un deber cívico que nos ayuda a responsabilizarnos de nuestro entorno y a fomentar un sentido de comunidad.
Es importante que todos entendamos que los impuestos no son solo una carga, sino una forma de apoyo mutuo. Al pagar impuestos estamos invirtiendo en un futuro mejor para todos. Fomentar una cultura de cumplimiento voluntario y concienciar a la población sobre la importancia de los impuestos es esencial para construir sociedades más justas y equitativas.
